Por una parte -en plena "primavera árabe"- la guerra civil en Libia sacó del mercado 1,6 millones de barriles diarios de petróleo.
En segundo lugar, otro importante agente energético entró en crisis: la energía atómica. El terremoto y el tsunami de Japón afectaron gravemente los reactores nucleares de Fukushima reviviendo los temores de Chernobyl. Se congelan todos los proyectos nucleares y las miradas se voltearon nuevamente hacia el petróleo.
En ese momento se produce un fenómeno conocido bajo el nombre:"Contango". Es una situación en la cual los mercados se convencen de que los precios del petróleo, en el futuro cercano, van a ser mayores que los actuales. Se abre el apetito para la especulación y los precios suben.
Ahora bien, la economía mundial -que aún no se había recuperado de la grave crisis del 2008- no pudo soportar los efectos del aumento en los precios petroleros, aunados a la crisis de endeudamiento en los países europeos y el enfriamiento de la economía estadounidense. Reaparece el fantasma de la crisis. Todas las grandes economías del mundo están revisando hacia la baja sus expectativas de crecimiento y, evidentemente, a menor crecimiento económico, habrá menor consumo de petróleo.
En medio de tales circunstancias se derrumba finalmente el gobierno de Gadafi, quien al igual que otros líderes de su calaña, anda disociado de la realidad sin darse cuenta de que ahora no es más que un fugitivo odiado por su pueblo.
Hablemos un poco de Libia. En 1961 ese país producía tan sólo 20.000 barriles de petróleo. Apenas 8 años después, en 1969, había logrado la hazaña de aumentar su producción a más de 3.100.000 barriles diarios y se pensaban que en poco tiempo alcanzaría los cinco millones.
Pero en 1969 Gadafi da un golpe de Estado e instaura una dictadura que, entre otras cosas, provoca el derrumbe de la producción petrolera libia, promueve el terrorismo e interviene en otros países.
Ya para el 2000, forzado por la necesidad y aislado por el mundo, Gadafi renuncia a su trayectoria de patrocinio a terroristas y vuelve a llamar a las compañías petroleras. Hoy en día las mayores empresas americanas, europeas, chinas, rusas, japonesas, indias e indonesias venían ya operando en Libia, hasta que estalló la revuelta hace seis meses, cuando se paraliza la producción.
Gadafi ya es historia y Libia -ávida de recursos para emprender su reconstrucción- retomará su producción con todo el potencial característico de sus prolíficos yacimientos y sus enormes reservas petroleras.
Pero en una economía mundial estancada, el reingreso al mercado del petróleo libio puede traducirse en una caída importante de los precios del petróleo. Se podría entonces producir otro fenómeno, inverso al "contango", conocido como"backwardation".