Tener aviones no tripulados ya no es un privilegio. Los UAVs o drones, como se los designa en inglés, son parte de la lista de artefactos que tienen los Ejércitos de muchos países e incluso están pasando a uso de entidades civiles (policía, bomberos…). Lo particular de los drones de Venezuela es que están comprados a Irán, algo prohibido por la comunidad internacional, y que su precio y proyecto esconden algo. El acuerdo de transferencia tecnológica M2 (por Mohajer 2, el modelo de UAV iraní vendido a Caracas, renombrado como Sant Arpía) costó 28 millones de dólares, de acuerdo condocumentación investigada por la Fiscalía de Nueva York, cifra que excede ampliamente lo que sería el precio de la docena de drones comprados.
Formalmente explicado como un proyecto para la construcción de una fábrica de drones que no ha entrado en funcionamiento, en realidad parte de la inversión se dedicó a unas instalaciones secretas levantadas en las proximidades, todo dentro del recinto de Cavim (Compañía Venezolana de Industrias Militares) en Maracay, donde entre otras factorías hay una de fusiles AK-103 rusos. ¿Para qué son esas otras instalaciones iraníes? Tal vez podría explicarlo Ali Hajizadeh, general de la Guardia Revolucionaria iraní que comanda la Fuerza Aerospacial, pues ha estado dos veces en Maracay en el último par de años. De Hajizadeh depende elprograma de misiles de Irán.
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