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lunes, 13 de septiembre de 2010

La revolución más habladora de pistoladas de la historia

La revolución más habladora de pistoladas de la historia
SOBRE LA MARCHA
Por Elides J. Rojas L.
12.09.2010 06:04 PM

La revolución, en general, como gobierno tiene el título indiscutible de ser el mandato más hablador de pistoladas de la historia contemporánea de Venezuela. Claro que esta marca mundial, solo superada por el criminal cubano, Fidel Castro, no es abstracta, no es la revolución así como así. No. Estamos hablando del líder intergaláctico, quien es el atleta verbal que con sus papilas y cuerdas vocales ha colocado el nombre de Venezuela bien alto, allá donde juegan los mejores. No fue un buen jugador de beisbol que pudiera llegar y establecerse en las Grandes Ligas. Tampoco fue un brillante estudiante. Tampoco un destacado militar. Es un político, dice que de izquierda y revolucionario, que en apenas 11 años arriba del coroto ha hecho de la habladera de bolserías todo un arte, toda una manera de conducirse, todo un mecanismo para mantener en vilo a la gente con una supuesta súper misión de vida con carácter de salvador mundial, mientras el país se derrumba, se cae a pedazos. Literalmente se arruina a la vista de todos.


Hay una doble velocidad es la habladera de paja. Mientras se afirma que nuestra economía está blindada y aquí no entra ni coquito, llevamos varios trimestres colgados de las escotillas del hundido submarino de Giordani. Ese es el estilo. Hablar gamelote, mientras una realidad atraganta a los venezolanos.


"Estamos construyendo una verdadera potencia mundial". La verdad es que cada año vamos al fondo en los indicadores económicos mundiales, en las posiciones más deprimentes de competitividad y productividad. En todo.


"Presenciamos la quiebra del capitalismo mundial, estamos construyendo un socialismo a la venezolana". En eso vamos pegados a los calzoncillos de Fidel Castro. Más pobreza, menos empleo, menos empresas, menos producción nacional, más expropiaciones, más confiscaciones. Más atraso.


"Allá, después de la loma aquella, construiremos la planta de bloques de esta ciudad socialista. Es el esquema del futuro. Cada ciudad debe tener sus empresas socialistas". La verdad es que ahora hay más barrios a la antigua que nunca. Eso de las ciudades socialistas es parte del discurso gamelotal. Cerro que quede al descubierto, cerro que es invadido. Ahí lo que nace es otro barrio que puede ser llamado Hugo Chávez o Nicolás Maduro, pero de ciudad socialista si acaso los afiches del líder intergaláctico. Los mismos barrios de toda la vida, sin agua, con luz robada, con malandros propios y extraños y aquel basurero. Solo esperando el próximo palo de agua para terminar abajo, con las cobijas y los colchones esperando la nueva promesa.



"Estamos armando la red de universidades más importante de Latinoamérica". Unas dos o tres nuevas, totalmente politizadas y diseñadas al estilo cubano. Dos años de estudio y a la calle. Lo de la calle es literal. ¿Dónde conseguirá trabajo uno de estos muchachos al medio graduarse si los que terminan carreras completas y bien estudiadas no tienen ninguna posibilidad? La opción es nuevamente cubana: a buscar afuera.



"Nos vamos a quitar de encima a sombrerazos a los inversionistas". La verdad es que la hilera de quiebras y las confiscaciones están ayudando. Los secuestros y asesinatos ayudan más todavía. Y, lo más importante, ese proyecto militar-comunista es como drácula en un banco de sangre. ¡Corran!


Nunca como ahora, la realidad quemó tanta paja.

Twitter: @ejrl

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